Loredana y sus temas
martes, 28 de julio de 2015
Pasante de Esperanza
sábado, 23 de febrero de 2013
Terminé comenzando
y escribiendo esto, escuchando algo de orquesta, por qué no tendré mas música de Charles Trenet, ahora me refugiaré en no se quién, que suena como a depósito de caricias y que repite "me iré, me iré, me iré", si escribiera una despedida sería perfecto, pero escribo una recomendación, no cualquiera, una especial, a un ser de espanto, que de recordarlo me causa euforia de salir corriendo a golpearlo, traerlo de vuelta y repetir el último verso, sí, cuando le dije que "No" y él no entendía, o entendía cabalmente, pues así mismo volteó y se marchó, quizás por eso me molesta la cancioncita que no termina, por eso, os ruego, apague el equipo de sonido antes de escribir cualquier carta, si no quiere comenzar con firmeza y acabar deseando no haber comenzado.
sábado, 10 de noviembre de 2012
ELLA | VIEJA MUJER
jueves, 5 de julio de 2012
Para contarlo, hay que intentarlo.
Detengámonos ahora y hagamos el ejercicio de zonificar nuestros miedos, dejemos de generalizar. En mi particular me asusta el solo hecho de dejar de hacer cosas importantes y encontrarme a los 70 años contándole a los nietos de mis nietos que yo tenía tanto talento que de haberlo explotado no estaría ahorita aquí contándolo. Ciertamente me preocupa ello, y haciéndolo me detengo allí. La verdad es que si me ocupara dejara de hacer lo que estoy haciendo para, con todo y su cliché, hacer cosas diferentes. Actuar.
Pero hoy me ocurrió un particular, me encontré con la palabra “fracaso”, al menos no mío, pero cuando el fracaso está cerca, lo mejor es aclararle que se vaya despidiendo, y cómo lo hacemos, recomendándole la mejor ruta: INTÉNTALO. A mí llegó un buen amigo, cuarentozo, hablándome de querer hacer lo que a mi entender DEBE hacer, pero…. que lo está pensando. Asociarse para conformar un taller en su especialidad. Yo me preguntaba qué tanto piensa lo que tiene que hacer, sin descatalogarlo, supongo que es natural pensar que una persona que ya ha pasado por lo suficiente, que se ríe de la mano invisible del mercado, que sabe que las oportunidades caen en paracaídas y si no las agarras en el aire se pierden contra el piso, todavía dude.
Así es que me fui más allá. Me doy cuenta que líbreme de la edad que tenga, el miedo a fracasar es una constante, un monstrico incómodo que no dejará de mellar la confianza hasta que le echemos un cerro de ganas y saquemos la mano por la ventana y giremos. Generalicemos. Entonces a los 70 años le podremos contar a los nietos de nuestros nietos que estamos donde estamos porque hicimos lo que teníamos que hacer.