Generalicemos, aquí sentimos miedo al fracaso porque alguien
nos satanizó el concepto, además que nadie nos termina de aclarar lo importante
que es aprovechar el tiempo cuando somos jóvenes, o sí lo han hecho, pero así
de jóvenes nadie cree en eso nos va a afectar.
Detengámonos ahora y hagamos el ejercicio de zonificar
nuestros miedos, dejemos de generalizar. En mi particular me asusta el solo
hecho de dejar de hacer cosas importantes y encontrarme a los 70 años contándole
a los nietos de mis nietos que yo tenía
tanto talento que de haberlo explotado no estaría ahorita aquí contándolo. Ciertamente
me preocupa ello, y haciéndolo me detengo allí. La verdad es que si me ocupara
dejara de hacer lo que estoy haciendo para, con todo y su cliché, hacer cosas
diferentes. Actuar.
Pero hoy me ocurrió un particular, me encontré con la
palabra “fracaso”, al menos no mío, pero cuando el fracaso está cerca, lo mejor
es aclararle que se vaya despidiendo, y cómo lo hacemos, recomendándole la
mejor ruta: INTÉNTALO. A mí llegó un buen amigo, cuarentozo, hablándome de
querer hacer lo que a mi entender DEBE
hacer, pero…. que lo está pensando. Asociarse para conformar un taller en su
especialidad. Yo me preguntaba qué tanto piensa lo que tiene que hacer, sin
descatalogarlo, supongo que es natural pensar que una persona que ya ha pasado
por lo suficiente, que se ríe de la mano invisible del mercado, que sabe que
las oportunidades caen en paracaídas y si no las agarras en el aire se pierden
contra el piso, todavía dude.
Así
es que me fui más allá. Me doy cuenta que líbreme de la edad que tenga, el miedo
a fracasar es una constante, un monstrico incómodo que no dejará de mellar
la confianza hasta que le echemos un cerro de ganas y saquemos la mano por la
ventana y giremos. Generalicemos. Entonces a los 70 años le podremos contar a
los nietos de nuestros nietos que estamos donde estamos porque hicimos lo que
teníamos que hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario